sábado, 11 de abril de 2009




Las piedras callan y son de cemento
la ciudad desvaría
la piel de mis manos resecas al hueso
y la vida nadie sabe: fumo

rachas de frío sobre las flores de marzo

y vagamente lagrimeo, tiempo vago
distancias que atrapan la tarde
en cumbres como aquélla

nadie sabe: oigo


latidos que abandonan la tierra, sé vagar
todo piedra

trenzo ausencias poco dolidas
visito palabras que no dije antes.


domingo, 29 de marzo de 2009

Elliot Smith - Alameda.



You walk down Alameda shuffling your deck of trick cards over everyone
like some precious only son
face down, bow to the champion.

You walk down Alameda looking at the cracks in the sidewalk, thinking about your friends
how you maintain all them in a constant set of suspense.

For your own protection, over their affection
nobody broke your heart
you broke your own cos you can't finish what you start.

Walk down Alameda brushing off the nightmares you wish could plague me when I'm awake
so you now see your first mistake was thinking that you could relate.

For one or two minutes she liked you, but the fix is in.

You're all pretention, I never pay attention
nobody broke your heart
you broke your own cos you can't finish what you start.

Nobody broke your heart
you broke your own cos you can't finish what you start.


If you're alone, it must be you that wants to be appart.


(Caminen, amigos,
mientras puedan).


domingo, 15 de febrero de 2009


Y qué hago con el alma

ésta
que se mudó de mí
qué hago con la luna de mi calle
con lo escrito en mi retina qué hago
qué hago
vagando

entre bloques altos como el cuello
que no se deja tocar y con
las llaves de casa
y las del miedo
qué hago con lo vivido en invierno
colgando en las manos
y lo que debe venir y no viene qué hago
si la paz y la lanza
si la ternura y el fuego
si la razón se dispara
y se estrella todita contra este milenio
huérfano de nadie
escarmentado de besos
que no sabe qué hacer consigo
vencido qué hago
con la mitad ajena

o qué
con lo que ya nunca ha sido.

martes, 3 de febrero de 2009

Digamos, por ejemplo
que la noche es una insignia desahuciada
que las paredes retumban
que la sed
no se te enjuaga del pecho
y en ocasiones
lo nubla y pongamos
que tu boca diluvia
pero no siempre
que mi piel es un infierno de espinas
o que la tarde olvidó
partir
o en todo caso
pongamos
cada costra herida sótano
cada animal crecido o danza
tal vez
si no lo digo.


Pongamos que no es necesario.

sábado, 10 de enero de 2009

Tres

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas
compañero del alma, tan temprano.

Miguel Hernández,
Elegía a Ramón Sijé.

Porque tengo huesos y sed
y te debo y me debes cosas
que no existen
ni tienen latido.

Porque los años no curan los versos
los enredan
los inclinan hacia la voz
que guardas en las cenizas sobre la tierra
un árbol
que esconde su piel de gallina
y no se aparta de ti
ni de aquel hortelano
que llora
todavía.

Porque hay hombres que anidan las venas.
Que no se los lleva el aire.

martes, 6 de enero de 2009



Sé que me alejo entre adoquines cilíndricos y estrechos. Lo veo subida a una mole. Lo veo en un picado sobre destellos naranja atornillados a la noche. Camino replicando a la indiferencia con la que apura el frío, a las hojas deshojadas y a los ratones sin gato. Sé que una de cada mil veces puedo pasarme de largo, y estar atenta.

Mientras dure esta eternidad no pensaré que muere por mi mano.

Mientras dure no como recuerdo.

O hasta que se revuelen las notas. Hasta perder la cuenta de palabras seccionadas sobre papel amarillo, delgadas, moviéndose por encima de mi cabeza como un banco de peces voladores amigos de llamar la atención. Persuadirme. Detenerme quizá para agarrarlos ahora que no conjugo ningún cuerpo.

Ahora que volví a escaparme de otro final o de otro comienzo.

martes, 30 de diciembre de 2008



Monet agoniza sobre el radiador. Ya no hay más tiempo. El lago del este soporta un crepúsculo sereno y fantasmagórico. No es quizá la mejor despedida. Ninguna lo es, pero, bien mirado, tampoco hay un adiós en esto.

Monet no me gusta, ni tú.

No es cuestión de paisajes ni de trazos. Me gusta la paz de lo propio y la carne en la boca de lo ajeno. Nada personal, por eso invito a Frida para el próximo año, porque mirando sus lienzos vivos se me antoja un pulso de cuerda que tal vez nombre con rigor algún mes de los que vendrán por delante. Retratos gruesos o niños con calaveras. Algo que recordar y que no esté encharcado.

Te expulso de aquí dos días antes. Primero cumpliré mi servidumbre contigo y haré diagnóstico terminal de tu paso (dijiste plazo, mejor). No voy a escaparme quédate tranquilo. Enferma estoy de ti aunque desaparezcas y vuelvas con otro nombre y otro cuadro, una pila de años amontonados en láminas satinadas de las que me río desde la tumba por adelantado. No soy tú, y hago lo que me dictes. A veces me peleo contigo y te doy puñetazos en el pecho ese que te imagino porque no te acabo de poner rostro. Luego me calmo, ya lo sabes, y caigo en un sueño profundo. Supongo que no soy la única y no te importa, así que déjame arrancarte un poco antes. Te sobra reino para cederme esta victoria.


domingo, 30 de noviembre de 2008


Propongo que no demos ninguna foto por vencida. Hagamos lo siguiente:
elegir la música, por ejemplo,



Apagar la luz del techo, beber algo, cruzar las piernas sobre el asiento.

Hacer clic en la carpeta donde archivamos todo,

desde


hasta


Mirarlas una a una fijamente. Lo que hay dentro y lo que hubo fuera del marco. Tragar un sorbo de vino si la herida se resiente, dar paso a las lágrimas que afloren, tocarnos los labios con los dedos.

Elegir de entre todas quince o veinte.

Volver a poner la música, y con ella, dejar que desfilen. Repetir. Dejar que hablen y cambien y revivan. Sigan escuchando. No tengan miedo.

Al poco seguro que descubren su ritmo.

lunes, 24 de noviembre de 2008


El vacío que observaba me dejaba verle los huesos. De nuevo se mecía como si fuera a lanzarse, como si dudara de la espesura del aire que la rodeaba. Un aire ni gris ni blanco cogido entre las costillas que se le iba creciendo y mezclando. Que se le imponía mansamente.

 

I. Mientras respiraba.

Nunca la había visto tan desnuda. Ahora era una columna arqueada, dos hombros horizontales, una especie de matorral de marfil igual que cualquier esqueleto de libro de anatomía. Posición: sentada. La mandíbula sobre la rótula derecha. Los huesecillos alineados de los dedos se cruzaban sobre la tibia para mantenerla en equilibrio. Según la invadía aquella nada, aumentaba el contraste de una estructura que siempre había estado ahí, entre mis manos. Me sentí algo ridículo y traicionado. Yo mismo, inevitablemente, me deshacía como ella.

En cierto modo me hacía gracia.

II. Verla.

Aunque no quedara ya ni un rastro de carne, ni labios, ni pelo. Aunque la vida se me deshuesara sin quererlo, tuve suerte. Pude ver lo que hacen las cosas invisibles con los cuerpos. Después de aquello ya no he vuelto a ver nada.

No diré que desapareció porque sé que no es cierto
y sin embargo.

Decir que volaba hubiera resultado demasiado fácil.

domingo, 9 de noviembre de 2008



Es mi aliento lo que empaña esta noche
la luna menguada
sus paseantes
lo que no impide la música.

Es mi mano la que tiembla por mi frío
la que habla por mí

cuando acaricia y castiga
cuando es menos mía
y se detiene
por aquellos que se besan tras un vaho
que desprendo para nadie
que azul
tan breve
y aun perdido existirá

irá a parar a alguna parte
.