miércoles, 15 de octubre de 2008


Había algo entre las ruinas.


Definitivamente,

lo había.

domingo, 28 de septiembre de 2008



Puede que septiembre empuje las hojas más muertas
y me atasque en las venas su voz
su frío
el pulso maldito
de tanto negarlo
y dejar que su sombra se quede conmigo.

lunes, 15 de septiembre de 2008



No voy a decirlo. Para qué. Ya no hay azúcar y la nariz me sangra. Pensarás que no importa que se apaguen dos o tres luces, que la cena estaría fría y poco hecha. No se te oye la voz si no es grave solo aquí, fuerte, el dedo presionando. Alguien gritará si yo se lo pido. Se acumularán los coágulos.

Nada que oír. Nada que sacar de tu estómago. Nada que explicar ni que perdones mis culpas ni tú qué sabes. Si asomaras la cabeza quizá, y no lo digo. Que a mí no me sirve tu hambre. Que a tí mi sangre te recuerda al frío en otra parte fría pero tú. Gente acorralada en un océano de hielo al que les han llevado. Hablarte de sed y miedo al agua para qué. Comprobé la falta de altura del sitio en el que estoy sentada. El vacío siempre me rebosó los platos.

domingo, 31 de agosto de 2008



El ahora que se lame los atrasos no sabe aún con qué palabras.

Habla de un mar que llegaba más lejos
que se dejaba tocar el lomo tibio que allá
su mano abrigada
metida
entre dos medios
los dedos brillaban, dice, y calla.


Parece triste, pero el alma.

Se le siguen clavando los amigos y no sabe de inventarios este ahora no cifra
días
ni noches
ni distancias.

Este ahora no quiere guardar los trazos que le colman la saliva. No andará ningún cementerio. Dice que un papel salvó a su misma carne y que vivirá todo y que podrá verlo y amparado en un retoño anticipado a su tiempo dice que seguramente llorará. O eso espera.

Las magas de otras tierras le contaron que los vientos de poniente traen un frío húmedo.

Se reblandecen los miedos y los hierros
y el invierno será asaltado
y atravesará
este Madrid
de un ahora que no piensa moverse.


Su voz no le llega más allá de la garganta pero vuelve.
Corre todo lo que le dan los brazos. No descansa.

Ahora mira atrás y adelante con pasmo y no le alcanza cómo
decirlo
tanto
y más que un regreso.

Un círculo abierto.

Mundo inesperado.

lunes, 25 de agosto de 2008

Hay paraísos donde la vida no se perdona, y aun así se celebra.



Donde la caña de azúcar es amarga y se hiende a machete.




Y no te llevo y tú me sonríes y yo miserable más miseria que tú, mi panza llena de langosta tuya, tú el bocadillo el caramelo el lápiz. La suerte.




Y si esperas, saldrá la luna en los palmerales




Y verás orillas que todavía



Y hasta cuándo no sé

cómo
regatearte una esperanza.

domingo, 24 de agosto de 2008



Olvida los océanos inciertos no sirven

corazón pescado podrido boqueando
en la arena y las algas

y la ventura

gana el horizonte más largo

criaturas hostiles y tú
tú caminando
en medio de un mar
no te cubre

olvídalo

que sólo dura un instante
olvídalo que la sal
comienza

a endurecerse dentro

estratos de vida lastrando

eterna

sólida

deshabitada.


lunes, 4 de agosto de 2008



Cuánto nos costó comprender lo que mata el miedo

(la salvación, mírala, salta adelante)

que la vida no se encierra en un puño
que nada nos va a librar de las lágrimas ellas solas
llorándose a sí mismas
pensándose ¡ay dolor!
y felices

y que todo tiene que irse hasta tú
que te empeñas en volver

y tanto que costó

(qué será lo que falte, me pregunto
para que nada termine).


sábado, 26 de julio de 2008


Encaramada en lo alto de cualquier cima. Auspiciando descensos de desigual tamaño casi tan fugaces como la suerte que le pasaba de largo una, dos, mil, la encontré por error. Me quedé con ella por vago.
Cortaba el pan como si fuera un brazo, su brazo, escondida en la cocina. Lo dejaba en trozos pequeños y blancos a su derecha. Casi no podía ver su cabeza. La espalda le terminaba en un único enjambre de pelo, quieto sólo en apariencia o hasta donde alcanzaba mi vista, luego extendía los brazos y los hacía girar como una hélice. Yo entonces respiraba aliviado, me reía, pensaba que algún día echaría a volar y con alivio me acercaba a por uno de aquellos pedazos de pan, le soplaba en la nuca y aleteaba como ella. Creo que ella también reía, y que, de alguna manera, bailábamos.
Recuerdo que aquello ocurría a menudo, pero si lo pienso, cada vez menos.
Si lo pienso bien, tengo la calle, la puta, la loca, mi memoria. De poco le importaba mi dinero ni su cuerpo. Tú no pasaste de largo. Tú no te quedaste por vago. Tú estás aquí como yo porque al contrario no te existo, mi suerte instalada en tí a intervalos sincronizados. Encendido, apagado.
Encendido: sus pies como helados de nata que sólo andan de puntillas, y no dejan rastro.
Apagado: el primer beso del lunes por la tarde con tres días de asco.
Encendido: su música y su silencio preciso. Sus gritos cuando hacíamos guerras de agua en el baño.
Apagado: todo menos la farola de una calle en fin de semana.
Encendido más allá de una selva de babas. Las borro, las limpio. Mastico panes de miga blanca entre sus pechos para que duerma, para que no se despierte. Sueño por ella con cosas aburridas y absurdas que no le cuento. Imagino otra ciudad, otro pacto. Sueño que existe cuando no está conmigo y que soy yo el que regresa a casa. Sobre la mesa un mantel limpio, ella está descalza y espera que le sople para bailar conmigo de espaldas. Puedo ver su cara en los azulejos, y ríe. Sé que por fin le he desenredado el pelo y que ninguno de los dos está durmiendo, y se acaba el sueño. Enciende los ojos y se abren las farolas. Me los regala para que la deje existir, pero esta vez no la dejo.
Dijo que fui yo quien estrelló sus ojos contra el suelo y los hizo rotos. Apagado.
Todavía me debe muchas cosas. Ser menos sincera que yo y más estúpida. Un pacto ridículo que nadie firmaría y un brazo que debería haberse cortado con el cuchillo que empuñaba cuando fingía reír. Cuando me hacía creer que podía andar sin dejar rastro. Seguramente estará ahora encaramada en cualquier cima, arriba y abajo su suerte, aunque ahora un poco más abajo, lo sé bien. Me aseguré de romper todas las farolas aquella noche, para que no tuviera donde esconderse.

domingo, 20 de julio de 2008



Hoy se ha puesto el sol en Madrid





He conseguido llegar a tiempo





Y aun así, no me ha dicho nada.


jueves, 17 de julio de 2008



Si yo fuera un caníbal devoraría con hambre inmensa el tiempo que comienza

justo aquí llega hasta allí

no llora no se desencadena.

Abriría una boca capaz de este mundo y lo tragaría y lo haría descender hasta el mismo centro de mi estómago y todo entonces desaparecería.

Todo estaría oscuro.

(o algo nuevo se estaría gestando)