lunes, 31 de marzo de 2008


Y dejarme caer en partes iguales.


Y acabar la tarde hueca y enmohecida.


Siguen viniendo, con más fuerza, a golpes en el vientre el hígado contra el corazón, la garganta contra la boca, los ojos retroceden, son bajos, hasta el centro del estómago oscuro, donde los párpados ya no son atravesados por el sol tardío.


Leo laberintos escritos en mi propio idioma.


Pienso en ti por anticipado, sin consuelo.


Vuelvo al momento justo de la vida, que aún no ha terminado, la mujer gritando generaciones enfurecidas a través de las piernas para darme la vida, el mandato de su eco perpetuado en todos los silencios menos vastos que la muerte, y yo, con tantos ruidos


curioseando en tu sombra de perfil no parece que se acabe adivinando si nosotros, que somos tantos


al menos podremos arañarnos



quién sabe.

7 comentarios:

carmen moreno dijo...

Pedazo de poema!!! NO se puede añadir nada más

Anónimo dijo...

..la verdad es que huele muy bien...

Que pases un buen día.

ZenyZero dijo...

Es verdad que son, a veces, las vísceras el laberinto de nuestros deseos en clave propia.

Quizá fueran esas piernas las que perpetuarán la vida, las que obviarán el fin de todo. Y nosotros sin poder descubrirlo por culpa de tantas claves propias y tantos laberintos.

Un saludo
Chuff

ybris dijo...

¡Por todos los diablos!
¡Qué líneas más preciosas! (y las anteriores también)
Necesito tiempo para leerte más despacio y no dejarte nada aquí que suene a cumplido.

Besos.

Anónimo dijo...

"y yo, con tantos ruidos". Cierra los ojos un momento... Así, muy bien.
Ya está. ¿Mejor?

NáN dijo...

¿Sabes?, me gusta mucho cómo separas; porque los versos, así, alternan el significado y enriquecen la experiencia. También por los espacios como silencios, que dejan oír la música.

Aurélia dijo...

Los laberintos se hacen siempre en el idioma de uno. Por eso a veces gusta tanto soñar en otro... Vos sabrás, pebeta yanquee! Preciosísimo el texto. Brutal.